Soy Laura Pou, paisajista, podría contar la historia cronológica del lugar pero prefiero narrar la historia emocional del Cortijo, la historia de cómo me enamoré de El Cortijo San Francisco en una vista de obra.

 

Como parte de mi trabajo restauro jardines antiguos -por cierto, una de las tareas más hermosas a realizar-, descubrir especies autóctonas con años en el lugar  rodeadas de algún capricho traído de alguna tierra lejana y que maravillosamente se ha adaptado a este nuevo habitat.

 

Llegué al cortijo para evaluar el estado de sus jardines, árboles y sus 80 hectáreas de finca.  A poco de llegar no daba crédito de dónde estaba…el silencio me rodeaba, el verde me invadía, los rincones, algunos con flores y otros mostrando unos cactus y suculentas plantas bañadas por el sol andaluz… me sumergía en la contemplación de la belleza . ¿Realmente estaba a 5 minutos de la playa? Sentía como el río Castor y el Río Velerín abrazaban una tierra fértil y llena de vida. La sierra Bermeja me protegía y servía de brújula, en un momento pensé que estaba en un paraíso. Sólo los alcornocales que lo rodean saben exactamente el devenir de los ríos, el ruido del agua , los antepasados moriscos y los últimos bandoleros que se escondieron por allí. Y finalmente, se convirtió en un proyecto personal. Cuido de él, lo mimo y les quiero mostrar que es  ideal para todos a los que os guste combinar excursiones con  descanso, playa con ciudad  y disfrutar de la tranquilidad que ofrece esta finca rodeada de naturaleza. En verano soñando entre  sus patios, fuentes, muros de piedra y el relax cerca de la  piscina, y en invierno, al cobijo de la chimenea del gran salón o leyendo en algún rincón, cualquier libro que se preste de la biblioteca

 

Este cortijo  lleno de detalles y con el encanto andaluz cosmopolita de la costa, es uno de los últimos refugios secretos de esta zona. Secreto compartido con vosotros.

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A tan sólo 5 minutos en coche podrá relajarse, disfrutar del sol y el Mar Mediterráneo en el extenso litoral de la Costa del Sol, y sus puestas de sol con vistas a Gibraltar y a la costa de África.

 

Naturaleza, cielos abiertos y el disfrute garantizado lo convierte en un lugar inigualable en la falda de Sierra Bermeja, Estepona .

 

Un espacio para disfrutar todo el año.

Además de alojarnos en plena naturaleza muchas veces queremos que nuestros viajes se impregnen de la vida del lugar, de la diversidad cultural o de las más ancestrales costumbres que perduran todavía hoy.

 

Desde El Cortijo San Francisco a tan solo 40 minutos en coche podemos visitar la ciudad de Ronda, conocer la tradición taurina, el famoso Tajo y disfrutar de una cata privada de vino en las ya numerosas bodegas con D.O dispersas en la zona. Un buen paseo por El Peñón de Gibraltar, para realizar compras y llegar a la Cueva de San Miguel es una gran opción a 30 minutos en coche. Málaga capital, hoy en día importante foco cultural de Andalucía y de ámbito nacional, resulta una alternativa cultual para recorrer y disfrutar de la parte antigua entre callejuelas y pequeñas plazas. Tánger, al otro lado del Estrecho de Gibraltar y puerta de África. Exotismo en otro continente a 40 minutos en coche y tan sólo 30 más en un Ferry rápido.

 

Si la idea es un recorrido más cercano, en Marbella nos encontramos con interesantes obras de arte latinoamericano contemporáneas y el museo del Grabado Español.

Estamos al pie de la Sierra Bermeja – Parque Natural de montañas mediterráneas con su característico color rojo, con más de 50 especies vegetales, pinsapos, alcornoques y con espectaculares vistas y atardeceres al Estrecho de Gibraltar y África y frente a las aguas del Mar Mediterráneo. El río Castor que serpentea la finca y que junto al Río Velerín, protegiendo con sus valles al cortijo, otorgan un microclima de temperaturas suaves, cielos azules y un entorno inigualable.

 

Entrando al Cortijo San Francisco parte de las 85 ha de finca corresponde a unos de los pocos bosques mediterráneos de alcornoques aún vírgenes de la zona.

 

Es la oportunidad de respirar profundamente, despertar los sentidos y recuperar el vínculo con la naturaleza ancestral.